Helio Vera, el gran paraguayólogo

El 25 de marzo se recuerda el aniversario de la muerte de Helio Vera, uno de los más importantes exponentes de la literatura paraguaya. Periodista, escritor y abogado; enamorado de Paraguay, se preocupó por tratar de entender al paraguayo y describirlo de cuerpo y alma. Su obra “En busca del hueso perdido” debe ser leído por todo aquel que desee entender cómo es el paraguayo.

Biografía oficial

El inefable, meditabundo. Foto rescatada de www.heliovera.com
El inefable, meditabundo. Foto rescatada de www.heliovera.com

Amante del bolero y de la buena mesa, nació en Villarrica el 5 de junio de 1946 y falleció en Asunción el 25 de marzo de 2008, a los 61 años de edad.

Como periodista, comenzó en condición de reportero en los primeros años de ABC Color; allá por 1967. Trabajó también en tal oficio otros medios, como los diarios LA TRIBUNA, HOY y NOTICIAS. En sus últimos años de vida se reincorporó como columnista y editorialista al diario ABC Color.

A la par del periodismo, llevó la carrera de Derecho y en 1975 se graduó como abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción.

Aunque la abogacía no era el centro de su vida, realizó cursos de pos grado en Derecho Penal. En el 2008 presentó su tesis doctoral titulada «Tutela Penal de honor contra lesiones cometidas a través de los Medios de Comunicación», publicada luego de su muerte. Por lo tanto, es doctor póstumo en Derecho. Pero en vida fue doctor en tantas cosas porque su afán fue siempre saber; y en ese afán tuvo un rigor no común en los nativos de esta patria paraguaya. Llegó a saber más cosas y con más profundidad que un montón de doctores juntos.

Según lo expresa el prologuista de su Tesis, el Dr. Wolfgang Schöne, autor del Anteproyecto de la Reforma del Código Penal —trabajo que contó con la colaboración de Helio Vera— tal Tesis «es la contribución más personal y seguramente más duradera de Helio Vera al proceso reformador del país. La presente obra es el fruto de una exhaustiva investigación y demuestra que era mucho más que un abogado: era un jurista con ambiciones científicas que viene a ser un verdadero «homo doctos», más allá del mundo del Derecho».

Sabía tanto que llegó a catedrático en cursos de grado y posgrado de la Universidad Nacional de Asunción. También impartió la cátedra de Derecho Procesal Penal, Parte Práctica, en el sexto Curso de la carrera de Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Católica de Villarrica. En la misma facultad tuvo a su cargo la enseñanza de la materia Técnica de la Argumentación Oral, desde el primer año. Además, se desempeñó como profesor del Colegio de Policía y del Instituto de Altos Estudios Estratégicos (ex Colegio Nacional de Guerra).

Carrera literaria

Se lanzó al mundo literario en la década de 1980 con ensayos y cuentos que demostraban su afilado conocimiento de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Como escritor y periodista se ganó un merecido prestigio gracias a su talento y a su estilo distintivo. Empleó en sus obras un lenguaje directo con una carga justa de ironía. Su talento le llevó a ganar varios premios literarios. Fue un Maestro de las Letras.

Cultivó la literatura con una calidad notable. Sus ensayos son verdaderas obras de arte. Desarrolló un finísimo sentido del humor fruto de su enorme estatura intelectual. Jamás transigió con la vulgaridad. No fue un humorista. Fue un escritor con humor. El humor de Helio era punzante pero no agresivo. Sabía cuál era la frontera exacta entre la gracia y la mordacidad hiriente y ordinaria.

Fue creador de su propio estilo con sabiduría literaria, consecuencia de su lectura copiosa. Como Borges, pudo decir que estaba orgulloso de lo que escribió, pero más orgulloso estaba de lo que leyó.

Contribuyó con su aporte al desarrollo de una especie de sociología paraguaya, la paraguayología. Es ya un referente ineludible en ese sentido. Nadie puede hablar del «paraguayo» sin tener como fuente a Helio Vera. Se dedicó con ansiosa intensidad al estudio de la cultura popular paraguaya. Pero no fue un simple observador de gabinete. Le encantaba viajar por el «Paraguay profundo» y mezclarse con la gente común para absorber la sabiduría simple pero intensa de esos paraguayos recónditos que escuchaban al tiempo: los ára andu, los arandu.

Muchos de sus textos jurídicos y obras literarias son ya hoy parte del currículum de estudios obligados en la enseñanza secundaria y universitaria. Hugo Rodríguez Alcalá afirmaba, por ejemplo, que «La consigna» era un cuento digno del mejor Borges. Quienes lo conocieron realmente, saben cuánto amaba Helio a Borges. Casi tanto como a Guy de Maupassant, su gran maestro literario.

Su excepcional «En busca del hueso perdido» —tal vez el libro más reeditado en el país con trece ediciones— es un compendio de tremendo rigor investigativo. Un estudio profundo de nuestra historia en todos los órdenes. Además, está escrito con un estilo diáfano; y que atrapa al lector desde la primera hasta la última página. Es que Helio manejaba el idioma con destreza admirable.

En el Olimpo

«Angola y otros cuentos», su primer y consagratorio libro de ficción, revela su talento excepcional para los relatos breves; su observación certera y su depurada técnica. El crítico literario español Vicente Peiró afirma que «Helio Vera fue la mejor pluma paraguaya de estas últimas dos décadas, tanto en el ámbito literario como en el periodístico. Helio era deslumbrante no por pedante, sino porque nos hacía comprensible el pensamiento intelectual gracias a su humor y a su capacidad para la sorpresa».

Helio Vera es ya un grande de las letras paraguayas de todos los tiempos. Está en el Olimpo de los elegidos, aunque su muerte prematura malogró una obra que quizás estaba por dar aún los frutos más excelsos de un talento difícil de igualar.

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